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Ha sido la noticia de la semana y paso hasta de cambiar el titular porque ya de por sí habla él solito.

Un iPod de la compañía de la manzanita ha provocado que todas las líneas de metro que paraban en Setagaya Ward hayan sufrido un retraso en sus horarios.

Estas noticias son precisamente eso, noticias, sólo en Japón. En otro lugar del mundo este hecho no sería más que una simple anécdota pero en Japón, un país donde las líneas de metro y tren no sufren apenas retraso (el retraso, por ejemplo, de los trenes balas en Japón es de un promedio de seis segundos; SEIS PUTOS SEGUNDOS), este acontecimiento es merecedor de aparecer en todos los telediarios.

Según cuenta un portavoz a Europa Press, “cuando llegó un miembro del personal a investigar dentro del tren, una pasajera le mostró que el iPod que estaba escuchando acababa de estropearse”. Un millón de personas -sí, todas esas personas toman esa línea diariamente- que sufrieron retraso en sus horarios por un iPod…

Chistoso.

Por cierto, no es la primera vez que una batería del iPod se sobrecalienta en Japón.

Cuando una persona se quita la venda de sus ojos y ve más allá de sus fronteras, ésta evoluciona sin darse cuenta y de manera inconsciente. Y cuando hablo de personas hablo también de empresas, organizaciones, fundaciones, etc., cualquiera que abra sus fronteras y consiga abrir sus ojos, conseguirá abrir su mente.

Una compañía de videojuegos que escuche a sus usuarios y reciba un correcto feedback por parte de ellos y, por supuesto, se quite la venda de los ojos y no hago caso omiso de este feedback, estará evolucionando en el mercado y conseguirá atraer a un mayor público. Un ejemplo claro de esta tendencia ha sido la franquicia FIFA. Durante largos años -prácticamente durante todo el apogeo de PlayStation 2- Electronic Arts se ha dedicado a repetir los patrones de conducta y lo único que ofrecía era un juego similar al anterior. Sin embargo, la compañía norteamericana, tras la llegada de la ‘next-generation’, supo escuchar al público y comenzó a hacer encuestas de satisfacción, a preguntar a los consumidores qué cambiarían y qué no, qué mejorarían para futuras entregas, etc. ¿Cuál es el resultado final? Pues que FIFA ha superado a Pro Evolution Soccer en todos los aspectos porque aceptó el ‘mea culpa’, hizo casos a los usuarios, y ganó.

¿Cuál es uno de los éxitos de empresas como Google? Pues que escucha de una manera BESTIAL -y me quedo corto con el calificativo- a todos sus usuarios. Así, el buscador ha conseguido ofrecer los mejores productos escuchando siempre al consumidor -aunque esta tendencia está virando últimamente-.

En nuestra vida diaria personal pasa exactamente lo mismo, aunque aquí cuesta mucho más. En mi caso particular, a mí me quitaron la venda de los ojos a una temprana edad por una serie de acontecimientos y, posiblemente, ahora esté quitándome otra venda en otro aspecto de mi vida.

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El que lleva leyéndome desde que empecé este blog de mierda hace casi tres años sabe perfectamente que todo lo que escribo necesita una interpretación en base a mi forma de escribir. Si más de uno se enganchó a este blog -de mierda por supuesto- no hace más de tres meses, os puedo asegurar que no tiene ni puta idea de lo que hablo -y más cuando en los últimos tres meses apenas he escrito-. Ahora bien, ¿a qué viene este discurso ‘made in Churchill’ que os estoy soltando? Pues sencillo, el arte de la interpretación de las palabras. Esto, queridos querubines mío, es asociable -ojo, asociable, no estoy diciendo que lo sea- a la semiótica: “el estudio de los signos, su estructura y la relación entre el significante y el concepto de significado”, siendo Saussure uno de los estandartes de los estudios semióticos -que empezar a estudiarlo es un por culo muy grande, pero termina enganchándote si tienes una visión más allá de ver ‘Sálvame’ cada tarde-.

La semiótica viene a decir, para que nos entendamos tú y yo, que un objeto de cuatro mesas y de color marrón predominantemente se le ha denominado como ‘mesa’, pero podríamos denominarlo ‘juar’ si a X persona le hubiese salido de la punta del aparato reproductor masculino. Es decir, el arte de la interpretación siempre ha estado ahí.

En la actualidad, el significante y el significado ya están bastante más ligados en todos los aspectos, de ahí que la interpretación que podamos dar a cada cosa es demasiado nula, por lo que un ‘libro’ será ‘libro’ aquí, en Guatemala y en China. Sin embargo, hay algo que el ser humano no podrá dominar apenas que se pase mucho tiempo observando: el contexto y su campo de experiencia.

Pongamos un ejemplo: en estos momentos estoy mal por determinadas situaciones sentimentales con mi pareja. Pues el otro día puse un tweet que rezaba lo siguiente: “He dormido, he reído, me he bañado, he nadado, he jugado al fútbol, he jugado con mis primos. Por fin. VETE A TOMAR POR CULO”. Bien, empieza la interpretación. Alguien que esté enojado conmigo pensará que ese ‘vete a tomar por culo’ va dirigido a él. ‘Piiiiii’, error. Alguien que sepa que mi relación con mi novia va mal pensará que va dirigido a ella: ‘Piiiii‘, error -además que insultar a alguien por twitter o cualquier herramienta de Internet es de cobardes, los insultos, a la cara si los tiene que haber-. Alguien que esté cercano a mí -véase mi familia- sabrá que ese ‘vete a tomar por culo’ es porque llevo sin pegar ojo prácticamente desde comienzos de junio -julio ha sido bestial ya-, que apenas tenía ganas de bañarme, de nadar, de jugar al fútbol, que mis primos ni les echaba cuenta y que ese ‘por fin, vete a tomar por culo’ va dedicado expresamente al jodido tema que no me dejaba hacer los quehaceres citados anteriormente y que ahora, después de mucho tiempo, los he hecho después de mucho tiempo, de ahí mi alegría -alegría por haber olvidado un determinado tema que me quitaba las ganas de hacer todo eso-. Continuar leyendo »

FIN

Y se acabó todo.

Ya nada tiene solución. La película ha sido un auténtico fracaso. Hay que reconocer que había buenas intenciones, pero uno de los directores era un completo inútil, y el otro, subnormal perdido, le seguía el rollo a veces.

Conclusión, película echa un desastre, sin embargo, uno de los directores está bastante bien. Realmente ni se esperaba que acabar con esta producción le iba a traer paz interior.

Paradójico, ¿verdad?

El niño miraba a su abuela, que escribía una carta. En determinado momento, preguntó:

- ¿Estás escribiendo una historia que nos sucedió a nosotros? ¿Y es, por casualidad, una historia sobre mí?

La abuela dejó de escribir, sonrió y comentó al nieto:

- Estoy escribiendo sobre ti, es verdad. Ahora bien, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueras como él, cuando crezcas.

El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada especial.

- Pero, ¡si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!

-Todo depende de cómo mires las cosas. Hay cinco cualidades en él que, si consigues conservarlas, te harán siempre una persona en paz con el mundo.

>>Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no debes olvidar nunca que existe una Mano que guía tus pasos. A esa Mano la llamamos Dios y Éste debe conducirte siempre en la dirección de Su voluntad.

>>Segunda cualidad: de vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Con eso el lápiz sufre un poco, pero al final está más afilado. Por tanto, has de saber soportar algunos dolores, porque te harán ser una persona mejor.

>>Tercera cualidad: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar los errores. Debes entender que corregir una cosa que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

>> Cuarta cualidad: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que lleva dentro. Por tanto, cuida siempre lo que ocurre dentro de ti.

>>Por último, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. Del mismo modo, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará huellas y procura ser consciente de todas tus acciones.

Este relato aparece en el libro de Paulo Coelho Ser como el río que fluye‘, concretamente en las páginas 31 y 32.

Este lápiz somos nosotros. Trazamos y marcamos en nuestra hoja, a veces si darnos cuenta de que nuestras decisiones afectan a otros seres queridos.

La goma de borrar siempre está ahí. Es cierto. Pero no es recomendable usarla frecuentemente. El lápiz, a pesar de poderse borrar, siempre deja marcas. Marcas dolorosas, feas, geométricamente deformes que provocan que el relato tenga un tachón aún cuando la historia continúa.

Un tachón que nunca debería haber sucedido.

Somos este lápiz. El lápiz tiene un final, un desenlace, se acaba, se agota. Muere.

Sácale punta todo lo necesario que sea posible, pero tampoco abuses del sacapunta porque el lápiz terminará gastándose antes de lo que tú esperas.

Paulo Coelho. ¿Volver a leer El Alquimista? Por qué no…

Tres meses y tres días.

Ese es el tiempo que llevo sin actualizar el blog.

Tres meses donde han pasado muchas cosas. En el plano personal mi vida ha dado un giro y llevar una relación seria es más difícil de lo que yo creía: dolores de cabeza, creer conocer bien a esa persona y no es así, etc.; aún así, creo -y sí, digo creo porque aquí sé que no tengo certeza absoluta- que la cosa va muy bien encaminada tras varios meses de relación. De todas formas, el no actualizar el blog no se debe a mi relación con mi pareja, ya que si hay que otorgarle un porcentaje a mi falta de actualización por problemas personales no llegaría ni al 20%. El principal problema a la hora de actualizar se llama uno: Periodismo.

He cursado, posiblemente, el curso más feo de los cuatro que llevo dados. Segundo de periodismo fue difícil, pero cuarto ha sido jodidamente feo: las asignaturas estaban mal impartidas por profesores nefastos en todas las parcelas, siendo éstas, además, poco válidas para la formación periodística; hemos estado todos los cursos de la licenciatura con trabajos diarios de prácticas al más puro estilo instituto, prácticas que, por supuesto, no aportaban nada debido a la escasa calidad de la docencia impartida; los medios de la Facultad de Comunicación de Sevilla están obsoletos y apenas hemos podido rendir con ellos, por lo que debíamos coger medios personales para hacer los trabajos audiovisuales; y un largo etcétera.

Esta ha sido la causa.

El 80% de mis problemas en estos tres meses.

Curiosamente publicaba el 10 de abril una entrada que se denominaba “Filosofía para mantener un blog”.

Cosas del destino.

No voy a llenar mi blog de mierda con post estúpidos. No cobro por escribir en mi blog, ni quiero por ello. Mi única satisfacción es rendir y contar mi visión de las cosas.

Ahora que la situación está ya tranquila y he terminado cuarto de periodismo -con todo aprobado a pesar de todo- es el momento de retomar el blog.

Tengo ganas de escribir de nuevo, de sentirme libre, de decir lo que pienso y que los “de siempre”, es decir, esos usuarios que visitan mi blog y me escriben y yo les respondo -que por cierto, he seguido visitando vuestros blogs a pesar de no dejaros comentarios-,  vuelvan a interactuar conmigo.

Es largo el camino por recorrer, pero me reconforta el saber que lo recorrido es aún mayor.

Ayer fui con mi novia al estreno de Alicia en El País de las Maravillas y volví a salir del cine con esa sensación de “me han timado”. De momento, para sacar las entradas, las salas estaban disponibles únicamente en tres dimensiones, por lo que me tocó aflojar 9 euros -luego no querrán piratería con estos precios; aunque los gilipollas somos nosotros que lo pagamos-. Esto ya de por sí es para plantar una queja en el libro de reclamaciones del cine; ¿por qué carajo no puedo ver la película normal y ahorrarme así 3 euros?

Este fue el primer aspecto en el que empezaron a tocarme mis santísimos bemoles. ¿Por qué? Porque odio las 3D. Llevo ya tres películas vistas en tres dimensiones y esta tecnología es, y lo digo con total seguridad, una absoluta y verdadera mierda. Que sí, que hay cosas en 3D pero, ¿cuántas? Realmente merece la pena pagar 3 euros más por ver como un pájaro vuela o unos copos de nieve parecen medianamente reales, ¿lo merecen? Para mí NO. Es una tecnología que está implantándose en el mercado y aún está muy verde. Las películas no aprovechan todo su potencial y las salas de cine, aunque digan que han realizado una gran inversión, no están capacitadas para reproducir en 3D.

“Eso es que siempre has ido al mismo cine”, me pueden decir algunos. He ido a tres cines diferentes de Sevilla, algunos con poco más de dos años sus salas de antigüedad, es decir, nuevas prácticamente. Me han dado muchos modelos de gafas, desde las de culo de botella hasta las grandes de color rojo, y con todas veo las películas exactamente igual de mal.

El segundo aspecto no es sólo que apenas se vea en 3D la película, lo peor es que pierde nitidez, color y detalles. Ayer en la película de Alicia predominaba una paleta de colores con tonalidades oscuras. Si a esto le añadimos que las gafas oscurecen aún más la imagen, hace que en determinados momentos de la película me quitase las gafas y me cagase en la puta madre de la tecnología 3D -porque encima de verlo mal con gafas, luego te las quitabas y lo veías borroso; como es normal-.

Aún queda mucho para que esta tecnología alcance todo su potencial y pueda ofrecernos una buena calidad de imagen acorde a la actualidad -prefiero antes una película a 1080p que en 3D-. Además, tengo un poco de miedo porque también se quiere implantar esta tecnología en los videojuegos, hecho que todavía no veo pero no en los próximos meses sino hasta en los próximos años.

Por cierto, la película bien, pero tampoco para tirar cohetes…

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